Primera parte. Capítulo 1.

Tres fueron los componentes de la semilla: mi conciencia ecológica y respeto por el medio ambiente, presente desde que tengo recuerdos, mi claustrofobia a los atascos, desarrollada desde que tengo carnet, y por último la necesidad de presentar un proyecto para el curso Máster en Administración de Empresas que terminé en el verano del 2008.

En ese año los servicios de telefonía móvil de datos (3G) ya tenían un precio relativamente asequible, así que pensé en formar una pequeña flota de minibuses con wi-fi. Dichos vehículos se encargarían de recoger en sus domicilios a los empleados de una empresa todas las mañanas y llevarlos a su oficina. Y por las tardes, de la empresa al domicilio. Un portal en Internet se encargaría de definir las rutas y formar los grupos de viaje.

Esto que puede parecer una idea imposible, con una buena planificación de la jornada laboral es más que viable. Y si no terminas todo a tiempo, puedes hacerlo en el viaje de vuelta o en casa. Sigo pensando que es difícil pero no imposible, incluso en España.

Sin embargo, disponer de dicha flota de vehículos iba a suponer una necesidad de capital elevada, una capacidad de gestión importante y un equipo de personas cualificadas. Necesitaba simplificar, así que pensé que tal vez podría usarse el vehículo particular. El portal se mantenía, pero todo lo demás cambiaba. Ni minibuses, ni wi-fi, si estructura empresarial. Ya solo necesitaba una web donde las personas se pudieran conocer para organizarse como mejor les conviniera.

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